El pasado domingo, hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas nos encontramos para vivir un significativo tiempo de conmemoración y celebración. El encuentro litúrgico fue signo de inclusión, solidaridad y crítica profética, elementos que marcan el caminar de la ILCO. Al conmemorar la Reforma Protestante del siglo XVI, hacemos nuestro su espíritu de denuncia frente a la injusticia y su llamado a discernir críticamente el papel de la religión en la sociedad. El “principio protestante” nos recuerda que ninguna persona, institución, nación o ideología puede ocupar el lugar que corresponde a Dios. Cuando algo humano se presenta como incuestionable o exige una lealtad que solo corresponde a Dios, corremos el riesgo de convertirlo en un ídolo. Hoy seguimos enfrentando este desafío cuando la fe es utilizada para legitimar proyectos de poder e intereses político-económicos ajenos al Evangelio. La predicación del pastor presidente de la ILCO, Carlos Bonilla, apuntó precisamente a ese espíritu de resistencia y denuncia pacífica propio de la Reforma, el cual, en la actualidad, debe fortalecerse para desenmascarar las argucias de los movimientos de extrema derecha y de las corrientes fascistas que ganan fuerza en distintas partes del mundo. Nuestra iglesia, semper reformanda, luterana, ecuménica y macroecuménica, acompaña las luchas y las esperanzas de los pueblos por una vida digna. Todas las personas y comunidades podemos unirnos en la construcción de un mundo más justo, pacífico y sostenible. Durante la misa hubo cantos, oraciones, risas, abrazos y el compartir del pan y del vino, así como llamados a no ser indiferentes ante los desafíos que enfrentamos en estos tiempos de inestabilidad, marcados por los populismos, los autoritarismos, la exclusión e incluso por la realidad de los genocidios. El día de ayer, las personas de las comunidades de fe y el Cuerpo Pastoral de esta pequeña iglesia luterana en Costa Rica renovamos nuestro compromiso de vivir como personas resucitadas, afirmando la esperanza de que otro mundo es posible. Gracias a todas las personas que, con su grata presencia, fortalecieron nuestra hermandad. Juntos y juntas renovamos la misión de establecer signos del Reino de Dios inclusivo y solidario. Muy bien lo expresa el teólogo de la liberación brasileño Leonardo Boff: “El ser humano tiene hambre de pan y por eso necesita comer y cuidar de su salud. Pero también tiene hambre de belleza, o sea, de reconocimiento, de instrucción, de participación en bienes culturales… y concientizar sus propios derechos” Que el Espíritu Santo nos guíe con sabiduría y coraje para ser personas que, desde nuestra rica diversidad, luchemos por pan y belleza.









