Iglesia Luterana Costarricense

una iglesia sin paredes.

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Pentecostés 2015

Pentecostés y la necesidad de entender todos los lenguajes.

“Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar.De repente, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde ellos estaban.Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron, y sobre cada uno de ellos se asentó una.Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran.

Vivían en Jerusalén judíos cumplidores de sus deberes religiosos, que habían venido de todas partes del mundo.La gente se reunió al oír aquel ruido, y no sabía qué pensar, porque cada uno oía a los creyentes hablar en su propia lengua.Eran tales su sorpresa y su asombro, que decían:

—¿Acaso no son galileos todos estos que están hablando?¿Cómo es que los oímos hablar en nuestras propias lenguas?”

Hechos 2:1-8

 

Al celebrar el día de Pentecostés en este 2015, año del “Despertar”, me cobijo en el Espíritu de Dios para compartir con todos y todas a mí alrededor, estas ideas que nacen del más profundo deseo de establecer una Comunicación Asertiva e Inclusiva en este momento histórico. .

La celebración de Pentecostés nos invita a reflexionar, basados en Hechos de los Apóstoles, sobre la urgente necesidad de darnos a entender. Vivimos un momento histórico en el cual resulta profundamente necesario saber comunicarse, hacerlo de la manera lúcida, diáfana e inclusiva.

Destacamos dos hechos importantes: Saber expresarse y entender. Ahora bien, siendo que es necesario saber expresarse con suficiente claridad, -pues quien hace la recepción del mensaje tiene este derecho y es aún más importante entender los diferentes lenguajes que circulan en nuestro alrededor.

 

Vivir y celebrar la Fiesta de Pentecostés debería ser un reto a nuestra comprensión de lo que sucede alrededor nuestro. Quiénes hablan, en qué lengua lo hacen, cuáles son sus necesidades. Reconocemos que vivimos en medio de un abanico muy amplio de información, de gritos y lamentos, donde discernir las necesidades de acompañamiento se convierte en un desafío de todo creyente y de toda la iglesia.

 

El lenguaje del universo.

En medio del devenir histórico, nos hemos detenido a escuchar el universo. Cuáles son sus gritos y necesidades. ¿Nos envía el Universo algún mensaje?, ¿Existe alguna relación entre nosotros (as) y el universo que nos lleve a preguntarnos cómo estamos implicados?, ¿Acaso no es el universo el escenario donde se comprende el planeta?, ¿No será que somos parte del todo y es nuestro (a) responsabilidad de que descifremos el mensaje que nos envía el Universo?.

 

El lenguaje del planeta.

Cuando hablamos del planeta, nos referimos a lo que muchas personas llaman “mundo”. ¿Qué mensaje nos envía en este momento el planeta? o si queremos decirlo de otro modo, ¿Qué mensaje nos envía la tierra?, esta tierra que nos sostiene, nos sustenta, y que llamamos Madre Tierra.

Nos hemos detenido a escuchar los lamentos del planeta, o como expresa Pablo en Romanos 8:22: “Sabemos que hasta ahora la creación entera se queja y sufre como una mujer con dolores de parto” Pablo probablemente se refiere a la Tierra, y como nunca antes el planeta está sufriendo, afectaciones, deterioro.

 

Hace algunos días vivimos la experiencia de un devocional donde se reflexionó sobre la eco-teología, le necesidad de asumir los retos de la restauración del Planeta, la urgencia de entrar en contacto con la tierra, tocarla, escucharla, entender su lenguaje, ponerse en comunicación con ella.

 

La tierra está enferma, afectada por el accionar egoísta y explotador de los Seres Humanos. Frente a esta situación, las personas, principalmente los y las creyentes, estamos llamados a escuchar su lamento, su angustia, Pentecostés nos invita a afinar el oído para interpretar las necesidades de la tierra, sus quejas y dolores.

 

El lenguaje de la humanidad.

Ante la variedad de lenguas activas en todo el planeta, intencionalidades y acentos diversos, es urgente discernir los mensajes. Comprender el lamento de las clases desprotegidas, escuchar el lamento de las sociedades desorientadas, entender el grito de las personas excluidas y marginadas. Afinar el oído para entender esos múltiples lenguajes.

No se trata de entender idiomas, sino más bien de entender esta Facultad Humana de comunicar sentimientos, ideas llamada Lenguaje, sus lamentos, necesidades, reclamos, y sobre todo reivindicaciones. Pentecostés nos reta a ampliar nuestra escucha, afinar nuestro oído.

 

El lenguaje de los sectores.

Cada sector con el que entramos en contacto, en nuestra labor como Iglesia y en nuestra cotidianidad como personas, tiene su propio lenguaje, tales como personas de la Tercera Edad, Mujeres, Indígenas, Diversidad Sexual, Juventud, Migrantes. ¿Podremos comprender estos lenguajes?

En ocasiones solo escuchamos el “ruido” que provoca el sistema patriarcal, clasista, violento, racista. Sin embargo, Pentecostés nos llama a escuchar con atención el lenguaje de los sectores vulnerabilizados, los sonidos, énfasis y perspectivas que surgen de sus luchas, sus logros, sus aportes, sus presencias y resistencias.

 

¿Seremos capaces de interactuar y comunicarnos asertivamente con todas estas poblaciones?

Si Dios está en el lenguaje del Planeta, a Jesús le encontramos en el lenguaje de los sectores que claman justicia.

Espíritu Santo, derrama sobre cada uno de nosotros y nosotras un fuego que acrisole las antiguas ideas y nos coloque abierta y solidariamente al lado de cada sector sediento de Justicia. Ayúdanos a interactuar de la manera más respetuosa posible y a tejer todas las luchas vivificadas por la resurrección de la carne en el aquí y el ahora.

 

 

Pentecostés, enséñanos a afinar el oído y a acoger el lenguaje del otro y la otra invisibilizados. Invítanos a sintonizar con cada expresión de vida que reclama una interacción constructiva, atenta, alternativa, solidaria y sobre todo resucitadora.

Impúlsanos a asumir las causas de las y los excluidos como nuestras propias causas, con la seguridad de estar multiplicando ese ejercicio de defensa de cada signo de vida amenazada en el Planeta.

 

Que Pentecostés sea ocasión para fortalecernos en la escucha, el refundir de las luchas y la resurrección de la esperanza.

 

QUE ASI SEA.

Pastor Gilberto Quesada Mora

Presidente de la Iglesia Luterana Costarricense.

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